María Alcaraz

Periodo de carencia de un préstamo


Si alguna vez has pedido un préstamo o has leído la documentación para solicitarlo, seguramente te has encontrado con el término “periodo de carencia”. ¿No sabías qué es y te despertaba dudas? Hoy analizamos en profundidad este concepto porque si algo nos puede ayudar en determinados momentos “complicados” de nuestra empresa es un préstamo que nos de aire y nos permita continuar.

Carencia en un préstamo

Cuando estamos en una situación complicada en tesorería en nuestra empresa lo más habitual es que para poder solventar ese bache y continuar con la actividad comercial, pedimos un préstamo a un banco. Este nos va a proporcionar el dinero que necesitamos a cambio del mismo con unos intereses determinados.

Deberemos ir abonando – devolviendo dicho préstamo en diferentes cuotas pactadas en tiempo y cantidad entre el banco y nosotros. Del tiempo de devolución (lo que tardemos en reintegrar todo) dependerá el interés que nos va a suponer (la cantidad extra por prestarnos el dinero que deberemos reintegrar).

Dicho esto, hay una cláusula en todos los préstamos denominada periodo de carencia.

En términos que todos entendamos fácilmente, el periodo de carencia es un periodo de tiempo variable (un mes, un año) en el que previo acuerdo entre las partes, una o las dos estará exenta de cumplir con sus obligaciones adquiridas en el contrato del préstamo.

Normalmente es el receptor del préstamo que solicita, por alguna causa determinada, pagar menos cuota mensual o incluso reducirla al completo durante un tiempo acotado.

En nuestra economía o sistema financiero, este periodo de carencia también es conocido como “periodo de gracia” y es que es durante ese tiempo que gozamos de un respiro en las cuotas pactadas a las que parece que no podemos hacer frente.

Cuidado, no nos confiemos. Hay que tener en cuenta eso de que “la banca siempre gana” y el banco no da este periodo de carencia “gratis”.

Condiciones del periodo de carencia

Esta carencia de un préstamo se acuerda al momento de firmar el mismo y estarán vigentes en caso de que la parte beneficiara lo necesite. De hecho, cuando los bancos quieren dar préstamos y los ofertan este, el periodo de carencia, suele usarse como reclamo publicitario ya que es un beneficio que a priori, da tranquilidad.

Lo habitual es pactar el periodo de carencia en la firma del contrato y suele estar disponible (en la mayoría de los casos) al inicio del periodo de devolución del préstamo (momento en el que las cuotas suelen ser mayores).

Si solicitamos el periodo de carencia se cumplirá que:

  • Durante el tiempo solicitado y aplicado la carencia, pagaremos la cuota reducida.
  • En carencia no se está amortizando el préstamo.
  • Al finalizar el periodo de carencia habrá que volver a pagar la cuota anterior más el extra de los intereses acumulados.

Por lo tanto, la carencia tiene el pro de que nos da un respiro en un momento de necesidad pero el contra de que al final, pagaremos más por el préstamo.

Tipologías de carencia

Tipos de carencia hay dos (en general, después habrá que hablar con cada banco en cada caso particular). La diferencia mayoritaria entre los dos tipos de carencia estriba en la cuota a pagar durante la misma.

Carencia de amortización

Es un periodo determinado en el que vamos a abonar solo los intereses del préstamo sin amortizar el capital prestado. La cuota por lo tanto será más reducida.

Carencia total

En este caso, no pagaremos ni siquiera, los intereses. No abonaremos nada en concepto del préstamo. Tampoco estaremos amortizando el préstamo.

¿Es positivo para ti solicitar esta carencia al banco?

Nuestro consejo es que solo la solicites si realmente la necesitas. Es tentador, lo sabemos pero si tienes otra opción, olvídate de ella, sigue pagando tus cuotas y quítate el préstamo lo antes posible.

A priori lo que parece es que gana el cliente y así lo sentirás durante el tiempo que tienes la cuota reducida o no pagas nada pero nada más lejos de la realidad. Estarás atrasando la fecha de finalización del pago del préstamo y su amortización y por ende, aumentando intereses. La carencia sale cara.

Ten claro siempre los inconvenientes antes de tomar la decisión y que sea algo sustentado en una auténtica necesidad y absolutamente controlado. No te acomodes en la carencia que luego vienen curvas.

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