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Deuda


Deuda es la obligación que contrae una persona o una empresa con alguien que le ofrece un servicio o un producto y se le debe abonar la cantidad (o lo que sea) estipulada previamente. En una deuda entran en juego diferentes actores como el deudor, que es el que tiene la deuda y está obligado a solventarla según los parámetros establecidos; el acreedor, que es el que ha dado el producto / servicio y espera que se le abone el mismo solventando así la deuda; la deuda en sí misma, la cantidad que se debe abonar o lo que se haya estipulado; y por último, las condiciones que se han pactado para disolver dicha deuda.

Todos, en algún momento de nuestra vida, asumimos algún tipo de deuda y lo mejor es poder resolverla cuanto antes. Pero es cierto que las deudas conforman una parte importante de nuestro sistema financiero y contable actual.

Las deudas se adquieren tanto a título personal como profesional. Es decir, se puede tener una deuda por un asunto personal con un familiar, un amigo o un banco y también hay deudas profesionales que adquirimos por nuestro trabajo (como autónomo o como empresa). Por último están las deudas “más complicadas” de llevar y son las que adquirimos con las administraciones públicas como la Seguridad Social y la tan temida Hacienda.

La parte buena de las deudas

A simple vista siempre recibimos el tener una deuda como un aspecto negativo ya que es algo “que debemos” y que cuanto antes, hay que solventar pero es cierto que las deudas tienen su parte positiva y es lo que nos permiten crecer y/o evolucionar en momentos determinados.

A nivel profesional – empresa, una deuda adquirida con control y responsabilidad te puede aportar ese dinero que necesitas para comprar producto, para poner tu proyecto, para relanzar tu actividad o cualquier otra cosa que necesites en un momento clave. El crecimiento está a veces supeditado a adquirir esa deuda y tenerla, será muy positivo.

Lo que es importante siempre tener en cuenta para que una deuda tenga un carácter positivo es que la tengamos controlada y sea asumible en todo momento. Para hacer que sea así deberemos hacer determinados y minuciosos estudios de viabilidad según nuestras posibilidades actuales – reales y las que tendremos también cuando asumamos esa deuda y nos proporcione nuevas opciones.

¿Deuda es sinónimo de fraccionamiento?

Pues en parte, sí. Una deuda puede representar el fraccionar en partes más asumibles un importe total que de otra forma, sería imposible en ese momento asumir. El fraccionamiento por ende es un facilitador del crecimiento y nos ayuda a poder gestionar la deuda de forma más ágil.

Cuando adquirimos una deuda (sea quien sea el acreedor – un banco, una tienda, un familiar) hacer un fraccionamiento de esa cantidad es lo que nos va a permitir realizar el pago en cuotas. Lo habitual es establecer esa fórmula de pago con anterioridad y el contrapunto lo pondrán los intereses. Esos que tendrás que asumir por el beneficio de tener una deuda a pagar de otra forma y un fraccionamiento.

Eso sí, para que todo sea súper fácil para ti y lo tengas muy controlado, lo más ágil y eficaz es que el fraccionamiento – los pagos que debas realizar, los hagas mediante domiciliación bancaria. Así no se te pasará ninguno y no incurrirás en un impago por despiste.

Aplazamiento de deuda

Las cosas se complican y “se ponen feas” cuando hay que hacer frente a la deuda y a sus cuotas (fraccionamiento) y no se puede o no se hace. En ese caso, si por alguna circunstancia imprevista, no es viable hacer el pago, se puede en la mayoría de los casos, solicitar un aplazamiento.

Este aplazamiento será concedido o no y bajo las condiciones que el acreedor considere ya que es el perjudicado de que no se esté cumpliendo lo pactado al asumir la deuda. Es posible realizarlo también cuando tenemos una deuda adquirida con la Administración pública. Se puede alegar los motivos por los que necesitamos el citado aplazamiento y esperar a que nos lo concedan.

Intereses de demora

De igual manera, cuando tienes que pedir un aplazamiento porque no has hecho frente a tu deuda aparecerán, además de los intereses de la propia deuda los nuevos intereses de demora. Los intereses de demora son esos intereses extras que aparecen derivados de la demora en el pago de la deuda.

Es un extra que hay que añadir, un más a más y que siempre, antes de pedir un aplazamiento y de demorar un pago, hay que tener muy en cuenta porque puede pasar que una deuda cuando se adquiere sea pequeña o normal pero que sumando intereses y posibles demoras, se convierta en algo mucho más grande y un auténtico problema.

Embargo

Por último pero ni de lejos, lo menos importante, en relación a las deudas tenemos que referirnos a los embargos. Y es que un embargo puede realmente, destrozarnos mucho nuestra económica y situación personal – profesional. Jamás, hay si se puede evitar, que llegar a un embargo y de hecho, hay muchas formas para poder evitarlo como re-negociar la deuda, pedir un aplazamiento, etc.

Un embargo es directamente que, el acreedor, ante la imposibilidad de cobrar su deuda, interpele medidas legales y directamente, todo el dinero que tengas disponible en tus cuentas, será retenido y retirado antes de que tú puedas utilizarlo, para hacer frente a esa deuda. En caso de que no tengas dinero disponible, el embargo se hará extensible a tus bienes y a todo aquello que tengas y sea útil para solventar la deuda.

Un embargo se hace real y se ejecuta mediante un proceso legal (nadie puede ejercer un embargo si antes no ha demostrado que ha intentado cobrar su deuda y no ha podido) y es el banco el que recibirá una orden de embargo de tus cuentas. También tu empresa puede recibir esta notificación para que se ejecute en tu nómina, etc.

Es algo realmente desagradable que como decimos, hay que evitar.

Las deudas, todos las podemos tener pero siempre, controladas. Hay que tenerlas muy presentes, valorarlas muy bien antes de asumirlas y siempre que sean prioritarias en nuestro escenario financiero para que no nos lleve a más problemas.