Huella Ecológica: ¿Qué es?

23 Diciembre 19

Utilizamos más de lo que la tierra puede producir así que tenemos que sobreproducir y hacer determinadas cosas que el ecosistema empieza a no poder soportar. Estamos dejando una huella ecológica muy deficiente y que debemos, cuanto antes, revertir para cuidar de nuestro Planeta. ¿Has oído y leído sobre esto de la huella ecológica pero no sabes bien qué es? Qué mejor que ahora para indagar en ello y poder sumar en el año que comienza, importantes medidas que ayuden a todos.

Qué es la huella ecológica

Estamos revolucionados con esto del Medio Ambiente y no es para menos. Se nos está yendo de las manos, estamos haciendo auténticas barbaridades considerando que el ser humano es el que más poder tiene sobre todo y no es así. El Planeta, nuestra tierra, es la que es y es la única que tenemos así que o la cuidamos, o nos va a echar de ella. Y no es que “empecemos” a cuidarla, eso es algo que deberíamos haber hecho desde el principio, ahora ya estamos en tiempo de descuento y toca ponerse y mucho, las pilas.

Por ello, por la concienciación ecológica, se inventaron ya hace algún tiempo, una serie de términos que nos ayudan a entender mejor es escenario y a crear nuevas pautas de comportamiento generalizadas a nivel político y de países. Una de ellas es la Huella Ecológica.

Según su fiel definición, la huella ecológica es “la superficie ecológicamente productiva necesaria para producir los recursos consumidos por un ciudadano medio de una determinada comunidad humana así como la necesaria para absorber los residuos que genera, independientemente de la localización de estas superficies". (Fuente: ecointelingecia.com).

En términos más asequibles o en resumen, la huella ecológica es la medida utilizada para cuantificar el impacto de las medidas humanas sobre la naturaleza. Es decir, lo que hacemos en cada momento, ¿qué impacto tiene en nuestro ecosistema? El impacto, eso mide la huella ecológica.

¿Y por qué medir el impacto de lo que hacemos sobre la naturaleza? Porque todo tiene consecuencias y lo estamos viendo y viviendo día a día. El Cambio Climático es lo más notable y no solo porque ahora hace más calor, llueve menos, etc sino porque eso repercute en las cosechas, en las reservas de agua vitales para la supervivencia… Algo que si no le ponemos remedio, en poco tiempo causará estragos e incluso, guerras. Y guerras de las más duras, guerras por recursos, como antaño.

La naturaleza tiene sus límites

Nos pensamos que tenemos un Mundo, un Planeta sin límites y esto está muy lejos de ser así. Nuestra Tierra ha sido más que benévola durante nuestra historia y nos ha dejado durante siglos hacer “lo que queríamos” pero jamás pensamos en que todo tiene un límite, en que es imposible hacer y hacer e incluso, destruir, sin que haya consecuencias. La Tierra se queja, se lamenta y ahora, lo empezamos a sufrir seriamente.

La naturaleza tiene sus límites y no puede absorber todo lo que el ser humano hace. Es demasiado. La contaminación causa deterioros irreversibles en la naturaleza y esta ya ha sobrepasado sus propios límites.

La Huella Ecológica que hay en la actualidad es demasiado profunda y hay que tomar medidas para empezar a revertirla o al menos, que no siga sumando.

La filosofía y el por qué de la Huella Ecológica

El concepto de Huella Ecológica fue creado por William Rees y Mathis Wackernagel que consideraron que Huella Ecológica es el “área de territorio ecológicamente productivo necesaria para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población definida con un nivel de vida específico indefinidamente, donde sea que se encuentre esta área”.

Es decir, debemos tener en cuenta el área de terreno de nuestra Tierra que necesitamos para producir los recursos que vamos a utilizar. El problema es que primero, necesitamos demasiado, tanto que la Tierra no puede proveerlo y segundo, que lo hacemos de formas y maneras poco sostenibles y demasiado agresivas.

La Huella Ecológica y su filosofía tiene en cuenta determinados parámetros para realizar sus cálculos como:

  • El flujo de materiales y energía que se necesitan.
  • La absorción de residuos y cómo se realizan los mismos en todo el proceso productivo.
  • Los equipamientos que se tienen que construir para poder crear aquello que necesitamos.

Con todos estos parámetros se extraen los impactos que la Naturaleza recibe de cada acto que realizamos para nuestra supervivencia o vida.

No todos dejamos el mismo impacto

Lo desconcertante y que deberíamos atender es que no todos dejamos el mismo impacto sobre la Naturaleza. Y eso, es devastador incluso para el propio ser humano que se pasa la vida en eternas campañas para conseguir más y más.

Se ha calculado que el 20% de la población mundial, solo el 20%, vive en ciudades “ricas” pero que es este 20% de la población el que consume el 60% del PIB mundial. Si analizamos bien esta frase podemos directamente, quedarnos asombrados por lo que ocurre a nuestro alrededor.

Y todo esto sin tener en cuenta el impacto que se hace sobre el agua (que ocupa la gran parte de nuestro Mundo), el del suelo, la atmósfera… Así que imaginemos si sumásemos esto a los cálculos.

Biocapacidad y déficit ecológico

Derivados de la Huella Ecológica y con la necesidad imperante de tratar estos asuntos han ido surgiendo otros términos que nos ayudan a entender cómo estamos impactando en el Medio Ambiente para poder tomar medidas que nos ayuden a evolucionar de forma sostenible y no “cargarnos” nuestro Mundo.

Uno de ellos es Biocapacidad que se refiere la superficie biológicamente productiva disponible (aquella como cultivos, pastos, bosques, mar productivo…) y el otro es el Déficit Ecológico que resulta de la diferencia entre Huella Ecológica (o la demanda de recursos que generamos) y la Biocapacidad (cuantos recursos podemos ofrecer y producir).

Así, con estos cálculos, los gobiernos de nuestros países con capaces de extraer conclusiones básicas para poner en marcha soluciones inmediatas.

¿Puedes tú hacer algo en tu empresa que ayude a disminuir la huella ecológica? Por supuesto. Pensamos que somos muy insignificantes (para lo que nos conviene) y que nada de lo que hacemos tendrá repercusión pero la realidad es bien distinta y el cambio empieza por pequeñas decisiones y actos. Todo depende de nosotros.

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