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Como proteger la propiedad intelectual de tu negocio


En nuestra labor diaria al frente de una pequeña o mediana empresa, o bien trabajando en solitario como autónomos, solemos prestar enorme atención a aquellos aspectos que conciernen en exclusiva a la productividad, el trabajo y la gestión del mismo. Nos centramos en aquello que, siendo como es muy importante, es sólo una parte del todo. Porque hay un aspecto que, normalmente, el emprendedor y/o empresario, ni tan siquiera tiene en cuenta: proteger la propiedad intelectual de su trabajo. Para ello contamos con herramientas varias, pero antes que nada es importante tener claro en qué consiste la propiedad intelectual. Ésta no es otra cosa que cualquier creación de nuestro intelecto que pueda tener valor comercial. En un campo tan amplio se incluyen patentes, marcas y logotipos, listas de clientes, planos, diseños, programas informáticos, recetas, fórmulas, producciones audiovisuales y un largo etcétera. Repito y que quede claro: todo lo que surge de nuestra mente y pueda tener un rédito económico. Todo ello merece todos nuestros esfuerzos y toda la protección que podamos brindar, puesto que, sufrido un posible robo de la propiedad intelectual, todo cuanto se puede hacer para solucionarlo es largo y costoso, y sin ninguna garantía de éxito. Así que, como bien dice el dicho popular: más vale prevenir que curar.

Garantizar nuestros derechos como autores:

  • Derechos de autor: aunque el término lo conocemos todos, hay bastante desconocimiento en cuanto a su total significado. El mismo concepto abarca dos términos distintos: derecho moral y derecho patrimonial. El primero viene implícito por el simple hecho de ser autor de cualquier obra artística, literaria, musical, científica o didáctica, y la misma Declaración de los Derechos Humanos lo reconoce. Con que podamos demostrar que nosotros somos el padre de la criatura, será suficiente. Garantiza éste reconocimiento y, a su vez, preserva el derecho que tenemos a la integridad de nuestra obra.

Harina de otro costal es el derecho patrimonial. Que tengamos reconocido el derecho moral no nos garantiza que nadie pueda estar enriqueciéndose a costa de nuestra creatividad sin nuestro consentimiento. Para ello debe ejecutarse el derecho patrimonial, un término amplio que abarca derechos como el de reproducción, distribución, publicación y distribución. Podemos preservar estos derechos que ostentamos naturalmente como autores mediante un anglicismo que estamos muy acostumbrados a ver: copyright. O derechos de copia, en sentido literal. Con él nos habremos asegurado la posible comercialización de nuestra obra. Pero no basta con la simple inclusión del símbolo correspondiente: convendrá que archivemos por protección de copyright.

  • Trademark: o registro de marca. Como es lógico, es indispensable siempre que creemos un producto o marca. Sería terrible dar con el nombre más alucinante imaginable para un nuevo producto de éxito seguro y que descubriéramos que, al cabo de un mes, alguien está usando ese mismo nombre para un producto que nada tiene que ver (pero que afecta igualmente a nuestro negocio).
  • Patente: en el caso que, mediante nuestro trabajo, hayamos creado un producto o procedimiento totalmente novedoso a nivel mundial y de aplicación industrial, lo mejor que podemos hacer es patentarlo. La patente protegerá nuestro invento por veinte años improrrogables y en el territorio nacional, aunque es ampliable a nivel europeo.
  • Acuerdo de confidencialidad: a base de trabajo, suele recabarse información de altísima importancia a nivel comercial, como puede ser listados de clientes o técnicas de marketing, que tienen un valor material muy importante. Mediante sistemas técnicos y legales podemos mantener en secreto esta información vital y seguir sacando provecho de la misma para nuestro beneficio.

Sea cual sea nuestro campo de trabajo, más o menos artístico, más o menos industrial, hay algo que debemos tener meridianamente claro, más allá de esforzarnos al máximo y trabajar con todo el entusiasmo y eficacia posibles. Proteger nuestra obra garantizará que podamos vivir de la misma, algo en lo que todo emprendedor sueña y, que, además, podamos sentirnos totalmente orgullosos de su autoría. Como debe ser.     “Lo propio del ser humano es la creación. Quien no se permite crear… no se permite ser humano” Anónimo

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