Control horario: los horarios han muerto

18 Julio 16

El control horario es un tema que se complica a medida que crece tu empresa. ¿Cómo te cercioras de que tus empleados no se pasan el día en Facebook en vez de atender su trabajo? El origen del control horario se basa en dos conceptos obsoletos en el mundo actual:

  1. Todos trabajamos al mismo ritmo.
  2. Realizamos tareas repetitivas.

¿Encajan estas dos descripciones con lo que hace tu negocio? Con el mío, no. Antes de emprender dirigí equipos durante más de 5 años y este era un tema que a mí me preocupaba poco, pero llevaba de cabeza a mis jefes. Cuando estás en una consultoría y facturas por horas, hay que justificar esas horas.

Al final destinas entre un 5% y un 10% de tu tiempo útil a justificar tu trabajo, lo que es un despropósito en el mundo hiperconectado de hoy en día. Si dedico 10 minutos a las diez de la noche a mirar y responder un par de correos, ¿eso es tiempo de trabajo? Si miro mi Facebook 10 minutos en horario de trabajo, ¿debo reportar 10 minutos menos dedicados al cliente? Lo dicho: un absurdo. En el mundo de hoy en día, el control horario no tiene sentido. Hay que migrar a un control de resultados reales.

¿Cuál es la diferencia entre control horario y control de resultados?

Supongamos que quieres empezar a vender online y contratas a un programador para que ponga en marcha tu tienda y la integre en tu web. El programador te presupuesta 4000€ y 4 meses de trabajo.

Modo control horario

Si divides el coste total entre los meses, cada mes tiene un coste de 1000€ lo que se traduce en 250€ a la semana. Le solicitas al programador un informe de lo que ha hecho cada semana y le transfieres 250€. En el caso de que ocurra un retraso, el retraso te cuesta dinero a ti (a razón de 250€ la semana) porque si no, no ves el resultado final.

Modo control de resultados

Estableces el trabajo que debe estar completado cada mes: por ejemplo, la instalación y la carga de productos en el primer mes; la definición de los procesos de compra y facturación en el segundo mes; la integración con la web en el tercer mes; las pruebas y la puesta en marcha en el cuarto mes. De este modo, pagas la cantidad mensual acordada cuando ves el resultado de cada fase acordada. Si hay retraso, lo asume el programador porque no hay pago hasta que hay resultado.

¿Cuál de los dos te parece más eficaz? Creo que la mayoría prefiere el segundo, ya que en el primero el programador no tiene que dar un resultado acordado cada semana, solo justificar que ha estado programando 8 horas al día. Si esto te parece ilógico, ¿por qué haces lo mismo con tus empleados? Dejar atrás el control horario es parte del proceso de abandonar el método tradicional de gestionar equipos y empresas. El mismo concepto de control implica desconfianza. Si no confías en tu gente, no los contrates.

Conozco a muy pocos jefes que disfruten controlando, y a menos empleados a quienes les guste ser controlados. Hoy en día la jornada laboral en muchas profesiones es un concepto elástico.

Cada vez más trabajos pueden realizarse en remoto con tan solo una conexión a internet. Si estoy en casa y tiendo una lavadora mientras asisto a un curso online, ¿es trabajo? ¿es ocio? ¿son tareas domésticas? ¿que debería poner en mi ficha semanal de control horario? El gran problema del control por resultados es que, como responsable del trabajo de un equipo, te ves obligado a pensar y prever mucho más que con el control horario.

No necesitas la misma preparación para decirle a alguien de tu equipo: «Ven 8 horas al día toda la semana y al final de la semana apunta aquí a qué proyecto has dedicado las horas», que: «Esta semana espero que completes el 40% del desarrollo del proceso de compras para la tienda online del cliente A, escribas el manual de usuario para el cliente B y revises los fallos del sistema de producción con el equipo de desarrollo. Además, el miércoles por la mañana hay un curso que igual te interesa sobre programación.»

En el segundo caso, no importa cuántas horas se trabajen ni en qué horario, mientras el resultado sea el esperado.

Cuando ponemos un objetivo realista estamos transmitiendo un mensaje de confianza sobre la capacidad de la otra persona, pero además transmitimos sensación de control sobre lo que nuestro equipo tiene asignado.

Cuando permites a la gente autogestionarse el tiempo, ocurre ese momento maravilloso en el que se despliega la creatividad: tienen tiempo para «perder el tiempo» en probar nuevas ideas, nuevos métodos. Soy muy fan de ponerles a mis equipos de programadores objetivos del estilo: «Tienes 500€ este trimestre para probar 3 sistemas de pago en el móvil que puedan usarse en nuestro negocio». Los fanáticos del control horario lo consideran tiempo tirado a la basura, pero tengo que decir que las grandes ideas innovadoras han surgido de esa pequeña bolsa de tiempo y dinero.

El control horario ahoga la creatividad. Eso lo saben bien las grandes consultoras.

Si solo haces lo que te pagan por hacer, no hay innovación, solo ejecución del mismo patrón, del mismo modo de operar. ¿Recuerdas la frase: «Nada crece dentro de la zona de confort»? Atrévete a gestionar tu día a día por objetivos: no pienses en el tiempo que le vas a dedicar a cada tarea.

Haz la lista de tareas que vas a completar esta semana.

¡Haz la prueba y me cuentas!

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